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martes, 30 de junio de 2009

Adiós, mundo cruel.

Disculpa, se que no es el mejor momento y la mejor forma de comunicarte esta decisión, pero esta vida me corroe y me siento como un globo perdido en el aire y a merced del viento.
Te dejo, si. Dejo todo lo que tenga que ver contigo. Los amaneceres tristes, los libros pretenciosos, las mujeres ampulosas cubiertas de escarcha, los mil y un día repletos de la nada absoluta, los sedientos días de verano convertidos en frías mañanas de enero.
Te dejo, paso de embarrar más mis pies en la cloaca de tu vida, de ofrecerme a tus días sin la respuesta esperada, de ser el arma secreta de mis miserias.
No ladro a la luna de plata al ritmo del cascabel de tu sombra. Perdí el sentido del afecto y el deseo no es mas que una fantasía onírica donde no te encuentro y tu nombre solo me produce tristeza. Necesitaba decirte adiós, que supieras que hay alguien que no desea enredarse en tus pies, lo suficientemente osado para despreciar este regalo. Me voy, sin sonrisas, no pretendas que te de las gracias por ser lo que nunca pretendí.
No dejo nada, mis alforjas solo transportan ausencia y desafecto.
Perdóname de antemano, soy lo suficientemente débil para decírtelo a la cara.
Te dejo. Si. El habitante 2.900.156.981 renuncia a su existencia. Te abandono y créeme:
No hay terceras personas.

sábado, 27 de junio de 2009

Escaparates

Intentamos convencernos
de que el mundo gira
mientras nos atamos los zapatos,
preparados en la pista de baile.
Intentamos convencernos
de que el mar, azul oscuro
de puta pena marchita,
circunda nuestras vidas desiertas.
Pero no somos nosotros
los que damos cuerda a nuestra vida sin rumbo.
Como ese locutor de La Sexta
monologuista locuaz,
trovador perpetuo de delicias gubernamentales
incapaz de mirarse al espejo de su mediocridad.
Somos el tanto por ciento inerte,
ese que aprovecha la turba
para acentuar las desgracias ajenas.
Se ríen de nosotros,
saben que siempre damos una segunda oportunidad.
 
 

viernes, 26 de junio de 2009

Carmona.

Existen dos clases de hombres: los vivos y los muertos, repetía siempre a petición del personal. Carmona amenizaba la barra de Los geranios con naturalidad. Carmona era soltero. O eso contaba después de algún chato de vino. Sabíamos perfectamente que llevaba treinta años casado, incluso otras veces alardeaba de mujeres aunque sabíamos que se le iban los ojos detrás de los chavales del barrio.
Vivía de la gracia ajena, del pille y se autoproclamaba único descendiente artístico de Caracol, aunque dudáramos de su arte como cantaor. Una noche contó, que casi lo hieren en el Sahara, en la marcha verde, pero era evidente la cojera que lo libró de la mili. Un día lo invitamos a un Martini, una aceituna huérfana pidió explicaciones, y Carmona se las dió.
Hizo de guía turístico, aparca coches y una noche lo invitamos a tortilla de patatas. Hay dos tipos de tortilla de patatas dijo: con cebolla y sin cebolla.
Un día dejó de aparecer, no pedía ya tabaco, ni cerveza, y el rincón de la barra de Los geranios se quedó sin su nombre. Recordábamos sus palabras, existen dos clases de hombres, pero la sola conclusión de la frase nos produjo cierta tristeza.
Brindamos con tinto por Carmona, existen dos clases de tintos: el peleón y el bueno.
Carmona nunca bebía del bueno.

martes, 23 de junio de 2009

Anónimo

A mi anónimo escribiente
que en mis posts atribuye
al plagio y a la copia,
lo que aquí se distribuye,
anotarme debería
el lugar donde reside
tal presunta autoría
y de paso pronunciarse
con su nombre bien letrado,
que no es de caballero
tirar piedra y hurtar mano.
Y si así me percatara,
de por todos leído
y plagiador quedara,
mil perdones pediría
y mi orgullo mancillara.
Pero si prueba no aportáis,
de mojón os trataría
aunque aquí nunca dejéis
ni asombro, ni agonía,
ni nombre, ni cara.

domingo, 21 de junio de 2009

Manifiesto por los años perdidos.

No creo que exista un día
que no tenga miedo a mi vida.
Me aterroriza las ausencias prolongadas
de tus palabras,
como si esperase un desenlace definitivo.
Me aterroriza la fabulación continua,
el adecuado desenlace final.
Comienzo a dudar de este rumbo tardío
y desandar los pasos me parece tan triste
como un cementerio de automóviles.
Ser lo que no quieres ser
tiene la ventaja del actor,
pero me confundo de palabras
en un guión desafortunadamente torpe.
Me comprometo a la nada invariable,
a seguir ejerciendo
fielmente mis funciones de insatisfecho perpetuo.
No creo que exista un día
que no tenga miedo a mi vida.

jueves, 18 de junio de 2009

Un fin de semana perfecto (y 3)

A veces, puedo dar fe, el día o mejor la mañana, acelera de tal forma, que la desaceleración provoca ciertos efectos secundarios no muy apetecibles. Incluso la noche no suele ser tan peligrosa. No hablo de seguridad ciudadana, ustedes me entienden.
Un after es un lugar repleto de especimenes nocturnas aferradas a una idea: La fiesta no acaba con la claridad del día, ni con un chocolate con churros, diría yo. Hemos inventado los afters para ir un poquito mas allá, a ese lado donde las caras tensas, los sorbetes de nariz y las mandíbulas pendulares, dan paso a una resaca gradual y asimétrica. Un hasta aquí hemos llegado.
Lo que mas me sorprendió, es que a las 9 de la mañana existiese un garito con tanta gente. Tanta y bailando así como un pistolero errático con los dedos hacia arriba, disparando al aire con sus pistolas imaginarias y su vista perdida. Y ahí que me uní al grupo dándomelas de algo que no soy. Algunos movían la cabeza al ritmo mecánico de pum, pum, pum.
Me uní al grupo como no, con la boca haciendo la 0 y mi mano alzada y mi pistolita de tres dedos. Al fondo mi ex, yo mirando a un morenita , la morenita pasando de mi, y el Grupo A, a su aire. Me pasaron un cigarrito y seré sincero, no tengo aún conocimiento de que era, pero que huevos, aquello era la hostia. Que de baile y de palique, y la morenita mas cerca y yo hablando no se qué y la morenita mas cerca y yo hablando tonterías, ofreciendo mi copa a cualquier cosa con dos patas que pasara junto a mi, que machito. Y menos gente en la pista y mirar el reloj y ver las 11 y las 12. Ya no hay nadie que conozca, ni Carlitos, ni Alex, ni los gays del grupo A, ni esos de negro de arriba-abajo con la cara blanca de mármol y ojos perfilados, como salidos de la película El Cuervo. Me acordé de Bruce Lee, el subconsciente es así, y pensé que de hostias que os daba si pudiera, guaka, guaka. Me imagine en el cine del barrio gesticulando partiendo maderas uzuuuuuuuu. Y me reía, y la gente me miraba y pasaba de mi, pero no entendían mis gracias tan cojonudas, de partirse. Y me dolía el estomago de tanto reir. Era la rehostia. Y yo que decido ir a la morenita y le invito a pim pam pum y la morenita me dice que invite a mi santa madre. Y me corta el royo y salgo a la calle, y el sol me sienta peor que una lluvia de cristales rotos y comienzo a sentirme mal. Y al pasar por delante del kebabking aspiro ese olor a especias fuertes que me llagan hasta el tuétano y vomito. Vomito hasta el alma y oigo un buenos días áspero. Mi vecino el del primero, vuelve a soltarme un hasta luego y me quiero morir de golpe sin mas preámbulos.
Ya no subo la cuesta que me lleva a tu casa (homenaje a Manolo García pá los no iniciados) pero me queman las ganas de oírte, de decirte como te va. De pedirte disculpas por verte y no acercarme ni tan siquiera a decirte un mísero hola acompañado de un beso, de esos de sabor a melocotón amargo que duelen como puñales fríos.
Y abro la puerta y toda la casa huele a tu ausencia y el color de las cortinas grita tu nombre, maldita noche de caras raras y dolores punzantes. Me acuesto e intento quedarme dormido, pero solo pienso en mi infancia y me veo corriendo sobre un campo que no he visto en mi vida.
Me despierto y es de noche, miro el reloj y son las diez. Tengo la sensación de haber corrido un maratón a todo tren y en mi cabeza se esconden ruidos y síntomas de resaca. Decido saldar ciertas deudas y marco tu número, no tengo claro que decir, ni de que manera, pero estoy dispuesto a pagar mi deuda. Dices un hola tranquilo y sereno, de fondo oigo a un tipo toser y su tos duele como un disparo a bocajarro.
Cuelgo, y siento que me encuentro para siempre en el armario de tu olvido. Suena el teléfono y me despierta del letargo. No,no eres tú, es Carlitos, Y me pregunta como terminé la noche.
Genial le digo. Fue un fin de semana perfecto.

viernes, 12 de junio de 2009

Un fin de semana perfecto (2)

Suavecito, repetía hasta el hartazgo un tío del incombustible grupo A pegadito a Arantxa. Yo me di cuenta desde el primer instante, este tío quiere cacho , pero Arantxa no es tonta, pensé un segundo después. La primera copa fue volar. Bueno si he de ser sincero, aquello fue un fugaz vuelo raso, tampoco me importó demasiado. No me gustaba la música, sonaba de fondo Bustamante y la verdad que el tipo de gente, a mi, no me gustaba mucho.
Me lo planteé de la siguiente forma: Ya que estamos aquí, a esta hora y con esta gente, intenta disfrutarlo, solo se vive una vez. Hubiera preferido vivir un cuartito de hora menos.
Les cuento y seguro que ustedes estarán de acuerdo conmigo.
Todo de ambiente, de ambiente. La noche se perdió y se dirigió ella sola, o quien sabe si empujada por los presentes, a la búsqueda de la insensatez, la locura y el derroche; y no sé si en este mismo orden.
En la puerta de un local llamado Arco Iris, ya tienen guasa, un tío cachas saluda a los presentas con total normalidad, como si dispensara saludos a euro. Vamos entrando poco a poco al local y cuando llega mi turno,- debo aclarar antes, que me soplaron 20 euros de entrada- dice el portero, ¿Qué tal reina? ¿eh? le digo yo, que no entiendo el contenido de su expresión. Arantxa se me acerca y me dice, Open your mind chaval. Con la intención de no quedar como Alfredo Landa en Torremolinos, me dirijo a una barra donde hay una tía impresionante. Un vodka con naranja por favor. No sabe si soy perro o gato, ni siquiera levantó las cejas. Me acerco al grupito y me extraña ver a Arantxa sujetando por la cintura al pesadete de antes. Esto me parece a mi que va a acabar como el Rosario de la Aurora, comento para mi. mientras veo acercarse a un tipo alto.
Antes de su llegada, sale disparado Alejandro y le suelta un par de besos. Se acerca junto a el y me presenta.
-Mira este es Juanin, el tipo intenta darme dos besos, bueno no solo lo intenta, me los da. Después de tres minutos de un monologo sobre la modernidad en España me suelta una pregunta que me deja grogui. ¿Tu entiendes verdad?, y yo en silencio pensando, si se trata de la modernidad o de mi afiliación sexual, tardo no mas de tres segundos en procesar la información. En estas me dice muy serio- te comprendo perfectamente yo tardé años en asimilarlo y salir del armario.
Casi me atraganto. Por ahí si que no. Cuando me recuperé del trance y quise deshacer el entuerto, mi interlocutor se perdió con un maromo, bailando una canción de Dinarama: A quién le importa. Eso mismo pensé yo, sedado por mi vodka y atormentado por el espectáculo de mi intervención anterior.
Hay un par de horas perdidas en mi mente. Mucha charla, mucho vodka, mucho roce furtivo, masculino he de reconocer. A partir de ahí, creo que comienza la declive de mi prestigio, si es que alguna vez tuve alguno. Después de bailar, beber, hablar, beber, hablar, bailar y mas beber, desandamos el camino a eso de las 9 de la mañana. En fin, cada mochuelo a su olivo, pensé yo. Hacía tiempo que no veía a Arantxa y al pesadete miembro del grupo A. Blanco y en botella.
Cuando creí que el rescoldo era imposible de convertirse en llama, algún destacado líder, como no, Carlitos, sugirió la idea de un after. Secundado por la mayoría de papas-fritas, adjetivo utilizado en mi ciudad a todos los mamones que se empeñan en llevarte siempre la contraria, ahí que nos lanzamos como un cohete supersónico, cruzándonos de bruces, con una ciudad que comenzaba el día.
Créanme, que siempre se puede empeorar. Sobre todo, cuando te encuentras con tu ex en un after y te la quieras dar del más moderno, el más guay. El rey del queroseno, en una palabra. Un after es un after. Pero aquello era lo mas raro que he visto en mi vida. Créanme.
Continuará.

lunes, 8 de junio de 2009

Un fin de semana perfecto (1)

Eran las doce de una noche clara de plata y las calles rebosaban una alegría bullanguera propia de un fin de semana. La ciudad repleta de bares parecía abrir sus puertas a todos los huéspedes y ofrecía sus mejores galas. Aunque todo iba a cambiar en un fin de semana absurdo y distinto. Al menos para un buen número de personas. Entre ellas, yo.
Habíamos quedado sobre las nueve de la noche del viernes en la puerta de una taberna céntrica, idea de Carlos, -así vamos entrando en calor antes de cenar-. Allí estábamos Carlos, Jaime, su pareja: Leo, Arantxa y yo. Esperábamos a unos amigos de Carlos, que al final resultaron ser cinco, pero no me quedé con ningún nombre. Lo típico de las presentaciones; ¿te dedicas a?,¿ tu que tal con la familia?, ¡no sabía que Jaime fuera gay!, en fin, toda esa retahíla de tonterías que se dicen para romper el hielo, pero que al día siguiente se recuerdan como verdaderas estupideces. Después de dos o tres cervezas, no recuerdo exactamente, el director de orquesta, si Carlos como no, nos dirigió como un GPS humano entre las callejuelas del centro de la ciudad hacia el restaurante.
Era de esos modernos de ahora. De esos que mientras le estas metiendo mano a una ensalada especial de la casa, aparece un gordote barbudo gritándote en la oreja Oh Sole Mío. La concurrencia con la boca abierta, no lo logro entender la verdad, yo medio mosca, y al novio de Jaime solo le faltaba bailarla. Esta noche va a ser larga, pensé. Ya creo que lo fue.
Al segundo plato, el grupo A, así definido por Arantxa por su parecido al Equipo A;- están toditos colgaos, solo les falta el furgón negro-, había casi agotado las existencias de rioja del lugar. La cosa iba, al menos hacia el pedo absoluto pensé.
Casi siempre que es uno mismo el que sufre la espera de su segundo plato, suelen ocurrir tres cosas: la primera, miras al resto de comensales con una especie de suerte ajena. La segunda, sentir sienta extrañeza por la tardanza en preparar una pasta carbonara y la tercera, despellejar visualmente a tus interlocutores sin ánimo de ofensa, por supuesto. En esas estaba yo, cuando un miembro muy activo, superactivo diría yo del grupo A y sentado lo mas lejos posible de mi, entonaba no se que diatribas sobre cierto espectáculo- ya veréis, ya.
Aquí esta mi pasta, que deleite. Si, vosotros con el postre pero yo saboreando este placer. Me contaron que era la especialidad de la casa y sin duda lo es. Y a esto que se apaga la luz de pronto y, joder no puedo ver ni lo que como, que gentuza, un hombre medio desnudo bailando no se qué de sobrevivir. Esta canción es de Mónica, genial, muy reina ella. El novio de Jaime me introduce en el mundo underground por no decir gay. Por cierto, me llamo Andrés, fui compañero de facultad de Jaime. Yo soy Alejandro pero en el ambiento me llaman Alex, ¿No te parece de la muerte este garito?. Le verdad, que estaba respondiendo en ese mismo momento cuando todas las miradas de la mesa de posaron sobre mi cabeza. Ahí estaba justo enredando mi pelo la star de la noche. ¿Alguien reparó alguna vez en el sentido del ridículo que nos hacen compartir los demás sin ninguna necesidad?, eso sentía yo: ridículo. Al principio claro, luego pasó del estupor a la furia, cuando mi Adonis decidió introducir su dedo en mi pasta y reproducir ciertos gestos obscenos, que no repetiré, pero que fueron jaleados por los presentes con gran algarabía. Que me quedara sin postre, es una anécdota sin relevancia, y que saliera casi a hombros a manos del grupo A, me producía cierta amargura estética, por otra parte, la noche no había hecho mas que empezar.
Continuará.

jueves, 4 de junio de 2009

Vacaciones de verano

Viajemos al espacio,
hagamos del trayecto una aventura
mientras abandonamos
esta mísera mancha de aceite espesa y sucia.
Saludemos al conductor,
que presione el claxon y atormente a las estrellas
con el ruido ambiguo del mañana, ya no ha de volver
a ese puto suelo de olor a café amargo.
Viajemos al espacio,
como furtivos, vigilantes de cualquier mirada,
felices: los últimos invitados a la fiesta.
Hagamos de las telarañas cósmicas
nuestras despensa y bailemos,
seguro que alquilan nuestro sueño
por tres euros de mierda.
Dejemos los zapatos limpios
y cantemos aseados las canciones del verano,
desde arriba brindaremos por la luz se septiembre.

martes, 2 de junio de 2009

Arrate

El Alquimista es un lugar de peregrinación para los amantes de la música de los noventa, incluso diría más, es el lugar donde se depositan los sedimentos de un sistema, que otorga la calificación de estrellas, a horteras dispares.
No solicitamos canciones, ni cantamos ritmos acelerados, solo intentamos que nadie bombardee la única libertad de elección que casi nos queda: no dejarnos embaucar mientras saboreamos más que una cerveza fría. Es un premio que precede a una canción excelente.
No suelo acudir asiduamente, no por costumbre.
Reconozco calidad en canciones actuales, me da igual el estilo, el interprete, y desconfío de los videos que suelen prohibirse en determinados canales televisivos, interpreto que son una maniobra de marketing absurda y en la que pican algunos incautos como en el tocomocho. Me encantan algunos grupos de mi ciudad, algunos escritores, algunos poetas, aunque siempre emborronen mi nombre en cualquier entrevista de la competencia. Perdonen que no hiciera mención anteriormente a mi profesión, soy articulista en la sección cultural del diario local Irreal.
Lo he pasado realmente bien aquí, incluso cuando una noche al ir al baño y cerrar la puerta, me encontré de frente con una pintada que digamos no me era muy favorable. Años atrás, en la ciudad un grupo de pop hacía las delicias del respetable, pero a mi me parecía una copia de The Cars en español. La pintada rezaba: Arrate cuando aprendas a tocar y a componer, comienza a criticar, so cabrón.
Ni que decir tiene que no tenia firma y cuando salí del habitáculo, todo eran caras expectantes, el asesino anda cerca pensé.
Muchas veces tengo que aguantar ciertas indirectas de artistas vilipendiados según ellos y no puedo disfrutar de esa soledad extraordinaria que me brinda el Alquimista.
Mi última vez casi triunfo, casi consigo tirarme a una rubia extraordinaria. Con malas artes lo reconozco, pero me hechó para atrás una chapita en su escote que decía así: Me falta poco para ser buena y me sobra todo para ser mala. Título del último CD de mis amigos grafiteros. Otro día será me dije.
Deseo volver al Alquimista, no por sus canciones, ni por sus rubias de bote, ni por su noches de sexo rápido y absurdo. Quisiera volver a esa cerveza fría y ese sonido de los noventa,
mientras me miro al espejo, y me digo: ahí estas Pedrito, so cabrón.

lunes, 1 de junio de 2009