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domingo, 8 de agosto de 2010

El último deseo de Armando Cortés

Armando Cortés; distribuidor de estupefacientes, especialista en trata de blancas, explotador de inmigrantes ilegales, juerguista y padre, murió viendo cumplido su último deseo. Si, ese deseo que todos llevamos dentro y que la mayoría de los mortales ignora por vergüenza o escasez de medios.

Toda la vida de Armando transcurrió en una especia de carrera o huida a ninguna parte, escapando de todos y escondido de particulares con un trato digamos no muy afectivo a su persona. Cuando Ramírez- médico desde hace diez años, gracias a las labores de benefactor del patriarca del clan- detecto un avanzado cáncer de colon, imaginó la reacción de Armando ante tal noticia. Imaginó gritos, insultos, descalificaciones a su pericia médica, pero no. Armando reaccionó de una forma sensata, atendiendo a las explicaciones de su apadrinado con la resignación del que se sabe perdido. Así que se dispuso a realizar todo aquello que quedó sin hacer en su vida y a realizar su último deseo. A sus hijos: Belén y Canduterio- como su padre, aunque ahora su hijo se hacia llamar Aurora Boreal, la mas chic de todas las drags- legó todos los negocios legales: compra y ventas de oro, bingos, salas de recreo y un macroputiclub a las afueras de la city que se hacia llamar El jardín del Edén. Los ilegales los distribuyó entre verdaderos colegas, discípulos y como el decía: toda esa gente que ha estado conmigo toda la vida. Pero lo que le hizo feliz verdaderamente fue ver cumplido el deseo de su vida.

En el barrio, en La Plaza de las Palomas junto a esa fuente donde tantas veces bebiera agua, ahí donde inició la venta de esos gramos de hachís, levantó con el beneplácito de las autoridades pertinentes- a saber a cambio de que- una escultura de tres metros de altura, donde Armando con su pañuelo al cuello, su palillo de dientes sujeto por esos labios carnosos, su chaleco y ese sombrero de ala ancha rematado finamente con una pluma de pavo real, dirigiendo su mirada al mundo, arrogante.

Y unas letras, al pié de tal insigne figura, resumen del paso de tan curioso personaje por este mundo.

“A Armando, que tanto por culo dio”

14 comentarios:

SE dijo...

Es curioso como el deseo de pasar a la posteridad está en todos, da igual a lo que se dedicara, muy bueno el epitafio. ;)

Ceci dijo...

Todos queremos ser recordados por siempre, hasta las ratas humanas, si no, qué sentido tiene el miedo a la muerte?

Alís dijo...

Es que si uno es el más grande en lo suyo, y Armando se consideraría tal, se merece un monumento... En todo caso, por el nombre de la plaza, supongo que las palomas se vengarán de tal atrevimiento.
Divertido relato. Siempre me arrancas sonrisas

Besos

Neogeminis dijo...

Digno homenaje para tan destacado personaje!...ojalá lo c...mucho las palomas!jejejej

Saludos.

mamuma dijo...

Epitafio, muy realista

Lilith dijo...

Curioso y original final!
Gracias x pasar a leerme como siempre!
Mil besos paisano!

Musaraña dijo...

Totalmente de acuerdo con lo dicho por Neogeminis.

Un saludo

María dijo...

Magnífico epitafio.
Estupenda y reveladora historia la de Armando.
Un abrazo.

Miguel Baquero dijo...

Jo jo jo, hasta los más mafiosos y golfos tienen oculto el deseo de pasar a la posteridad y ser recordados, no importa mucho cómo

NÓMADA dijo...

Bueno, al menos la inscripción era honesta, ya que no lo demás.

campoazul dijo...

Esta muy bien, me encantó...
Me voy pensando lo del epitafio mío, que quiero chinchar a unos cuantos... (Pero no para ahora eh, para dentro de muchísimos años).

Besos.

SILVIA dijo...

Jajjaaaaaaaa!!! Merecido epitafio.
Besos!!

Antonio de Castro dijo...

Menudo pajaro, y que bien has resumido la vida de uno de tantos elementos como hay hoy (y probablemente haya habido siempre).
Lo mejor, el epitafio, claro.

the lines on my face dijo...

muy bueno y descriptivo...
yo también te descubro
saludos