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miércoles, 2 de febrero de 2011

El regreso de Sergio

Son difíciles las paradas de autobús. Pero más difíciles aún las personas en ellas.
Moscas, piensa. Individuales, como salpicaduras de pintura roja sobre un mármol blanco roto. De pequeño cerraba los ojos e intentaba descifrar su número por la gravedad de su motor, por las carreras, por el sonido de las monedas en los bolsillos ajenos. Pero todos los autobuses tienen el mismo sonido a día perdido y áspero.
Lleva intentando superar ese miedo demasiado tiempo. Se le hace infinito el regreso a casa cada día. Son doce paradas y doce esperas que caducan con un paseo doloroso.
Su psicólogo le aconseja la estimulación positiva de recuerdos alegres y felices.
El, solo siente el vacío y el olor impregnado en el aire que dejó A., el día que abandonó a Sergio dejando su vida convertida en un vodevil de cabaret barato.
En una terapia de grupo, J, un chico escuálido seguidor de series vampíricas y convencido a pies juntillas de ser descendiente directo de cierto Conde rumano, le aseguró que su problema tenía la solución perfecta; no tendría inconveniente en demostrarlo de ser un simple mortal, claro.
Las terapias de grupo son a Sergio lo que teletienda a ciertos compradores compulsivos.
Lleva peor las miradas y hacerse el ocupado para situarse el último de una fila que abandona de inmediato al sentir el aire cargado del interior del vehículo.
Porque el dolor de Sergio es encontrarse con A, conductor de la concesionaria de buses de la ciudad. Por eso se le hace imposible poner un pie en cada bus que llega a la parada. Así un día y otro, haciendo de su regreso a casa una Maratón interminable de espera y emociones. Aunque sepa que jamás lo encontrará.
M murió de sida hará ahora 4 años y aun así, conduce la vida de Sergio.

4 comentarios:

Miguel Baquero dijo...

Que bueno, sí señor, ese temor por encontrarse con alguien en cualquier momento, lo has ambientado perfectamente

Un tipo dijo...

El final es impactante.
Me gustó mucho la entrada.

Saludos. :))

Thania dijo...

Yo aspiro a ser de esos muertos, ya que en vida, nunca he sido, ni lo quiero ser.

anafilia dijo...

Hola… A dos años de haber dejado un comentario para mi, lo he encontrado… bonita historia, seguiré leyendo…