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jueves, 14 de mayo de 2009

Compañeros de armas

El primer consejo que daría a todo aquel que quisiera dedicarse a este trabajo funesto y cruel es temple. Sí, temple. Como esos toreros que hacen del estatuario algo monótono y acompasan su muleta con cadencia silenciosa. No quisiera yo describir este trabajo como arte, pero a veces, en esos instantes de soledad eterna, si sentimos la importancia de nuestra labor e incluso desarrollamos un cierto sentido plástico.
Realmente no sé donde catalogar mi trabajo, incluso tendría problemas en encontrar un epígrafe en actividades económicas, pero por suerte o quizás por desgracia, nos mantenemos al margen de la ley.
La primera impresión es la que cuenta. Este trabajo tiene un decoro, una imagen, no te disfraces de ganster italoamericano. No cuela chico. Estamos en Europa, Siglo XXI. Nada que hacer. Viste bien, pero no des la nota. Ni demasiado moderno ni demasiado pretencioso. Ni demasiado hortera ni demasiado antiguo. Viste siempre como esa gente que pasa inadvertida chico. Limpio y discreto, ese es el secreto. El caminar es importante. La imagen que transmites al mundo es tu vida. No levantes los hombros ni muevas los codos de arriba a abajo, eso no se lleva. Camina silente, armónico, la imagen arrogante y segura despierta cierto recelo y eso no nos interesa, no.
Antes nos gustaba acojonar de inicio, mirabas las caras y percibías el miedo, que casi era palpable. Los tiempos cambian, ahora llegan los colombianos en el vuelo de las diez a Madrid y en el de vuelta de las cuatro ya van ligeros de trabajo, sicarios les llaman, historias de latinos comentan. Mira como cambian los tiempos que antes los latinos éramos los de aquí, los del sur de Europa y ahora resulta que no. Igual descubrieron que el puente de Brooklyn lo construyeron los romanos, la vida chico.
Imagínate ahora, cualquier iluminado portero de discoteca se cree protagonista de la última de Almodóvar, demasiado gimnasio y escasa preparación intelectual. Recuerdo cuando te saludaban con respeto los mismos que antes intentaban, por su bien, darte esquinazo en cualquier calle para evitar una deuda. La violencia era el último recurso y créeme que aunque he evitado siempre dañar por dañar, cuando surgió, no era algo para alardear por las esquinas. Fíjate chico. Cambia la vida a segundos y en este negocio más.
Ahora aquí nos vemos y no creas que porque no me respondas, sé que es por esa mascarilla que te obligan a usar, sé que estas totalmente de acuerdo conmigo. Mira a ese que llega cada mañana. !Arriba abuelo! será posible, hace veinte años te querría yo ver, que suavecito hablarías. Chico estamos aquí de sobra. Yo ya lo dije: en un asilo, no quiero cargas para nadie. Pero chico como cambia la vida. Cuanto daría por tener unos cuantos años menos, alguien lo iba a pasar mal. Maldita sea, la hora del paseo, como te envidio con tu oxígeno ahí sentado, Por cierto chico he de contarte varias cosas de mi trabajo. Por cierto.
¿Te he hablado alguna vez de mi trabajo?.

8 comentarios:

Thania dijo...

Chico,

será cubano,
será de Puerto Rico
será
será

prefiero que no me cuentes de su trabajo, mi imaginación ya empezo a tejer otras historias.

claro "estamos en Europa"
y sí,
allá todo es diferente.

Carla dijo...

Muy buen post... interesante

Blindness dijo...

Yo soy de los latinos que llegan en el vuelo de las diez :) no he podido leerte con tranquilidad porque tengo clases dentro de poco, pero lo hare, luce interesante.

Siéntete libre de pasar mi blog cuando gustes, no prometo mucho, a veces los estudios te congelan las ideas :/

Saludos.

Hombre Extraño dijo...

Tal ves ese hombre sea un viejo veterano de las guerras púnicas, o, a lo mejor, un futuro guerrero de las cuestes de Atila. Seguro se desenvolvió como bolchevique de avanzada (llevando su rosa roja en la solapa, para que lo reconociéramos los camaradas). Aunque me gustaría pensar que este hombre fue quién paseó la cabeza de la reina por el torreón de la Bastilla.

Este hombre fue el hijo enviado, el hijo maldito, el que mató a su hermano, el que se acostó con su madre. Este hombre fue liberal y conservador, fue el coronel Buendía, el capitán Alatriste, Artemio Cruz y Abadón.

Me encantaría creer que ese hombre, soy yo.

ëłi§a dijo...

Su trabajo al igual que otros tienen un mínimo común denominador, que por más divertido o aburrido nos cauce, siempre ha de extraerse la esencia, el lado positivo de ver mejor la vida.

To be continued...

LiterataRoja dijo...

Muy bueno!

Besos

ZAYADITH HERNÁNDEZ dijo...

el sicariato hoy en día es una industria como cualquier otra, unos matan amparados por la ley ( como los veteranos de guerra, los médicos patosos que se cubren unos a otros) y otros por hambre ( los latinos caen en eso muchas veces por HAMBRE y MISERIA). Siguen habiendo ganster y siguen teniendo elegancia, sólo que cobran más caro. Me gustó el relato, creo que lo que más me gusta de leer de ti, es estilo...no sé, pero transmites mucho cuando hablas con misterio.
besitos.

(Pafermi) dijo...

¿Funcionario?,¡como qué nó!..¿encuestador de Telefónica?..¡me rindo!,pero si trabajas en un banco,ni te portes por mi barrio que ando de cacería.
¿Granadino?...